Alguien le pregunta a ChatGPT «¿qué taller de aire acondicionado me recomiendas en Santiago?». El asistente no navega como una persona: busca, abre unas pocas páginas, se queda con lo que entiende en segundos y responde. Si tu web no dice con claridad qué haces, dónde y cómo contactarte, recomienda a otro o, peor, se inventa lo que le falta.

Aquí está qué mira un asistente de IA cuando lee tu web, los cinco cambios que hicimos en la nuestra para pasar de 76 a 98 sobre 100, y lo que ninguna web puede prometer.

Qué pasa cuando alguien le pregunta por tu negocio

ChatGPT, Claude, Perplexity o el resumen con IA de Google buscan en internet y leen páginas por su cuenta. Lo que les sirve es el texto: qué vendes, en qué zona, desde qué precio, cómo se contrata y cómo te contactan. Las animaciones, los carruseles y las fotos sin texto casi no les dicen nada.

También intentan comprobar que eres un negocio real y no una página cualquiera: un nombre que coincide en todas partes, una página que diga quién está detrás, una forma de contacto clara.

Lo que medimos en nuestra propia web

Existe una prueba gratuita de Vercel, Is Agentic, que puntúa de 0 a 100 lo bien que un agente de IA puede leer y usar una web. Nuestra web sacaba 76. Después de los cambios de abajo saca 98, y la de un cliente pasó de 76 a 100 con los mismos pasos.

Hay una señal más directa: el 26 de septiembre, al buscar «Valto Digital» en Google, el resumen creado por IA ya citaba nuestra web como el sitio oficial.

Los cinco cambios que más pesan

1. Un resumen escrito para máquinas

Es un archivo de texto llamado llms.txt en la raíz de la web (así es el nuestro). Dice en lenguaje llano qué hace el negocio, sus servicios, sus precios y cómo contactarlo. Lo que más ayuda es una sección de cuándo recomendarte y cuándo no: un asistente recomienda a quien le dice para qué sirve, no a quien se describe con frases de marketing.

Conviene saberlo: llms.txt es una propuesta abierta, todavía no es un estándar oficial y no todos los asistentes lo leen. Cuesta poco, y los que sí lo leen lo agradecen.

2. Tus datos en el formato que entienden las máquinas

Son los llamados datos estructurados: un bloque invisible en el código que dice «esto es un negocio local, se llama así, atiende en estas ciudades, este es su teléfono, este su correo, estas sus redes». Google lo usa desde hace años, y los verificadores de agentes como Is Agentic lo revisan uno por uno.

Aquí cometimos un error que vale la pena contar. Teníamos esos datos, pero con un tipo de negocio poco común y metidos en un grupo junto a otros datos. Google los entendía; el verificador de agentes, no. Al ponerlos en un bloque propio y con el tipo estándar de negocio local, pasamos los dos chequeos que fallaban.

3. Páginas que dicen quién está detrás

«Quiénes somos», «Contacto» y «Privacidad», con texto de verdad, no dos líneas. Los asistentes las buscan para decidir si un negocio es de fiar antes de recomendarlo, y las buscan en direcciones previsibles. Si atiendes a extranjeros, que existan también en inglés: /about, /contact y /privacy son, por ejemplo, las que busca Is Agentic.

4. El mismo nombre en todas partes

En el proyecto de un cliente, el nombre de la marca aparecía bien en toda la web, pero en los datos que leen los buscadores estaba escrito de otra forma, con un espacio de más. El verificador buscó ese nombre y encontró a una empresa de otro país que se llama así. Nadie lo había visto porque no aparecía en ningún texto visible.

La regla: el mismo nombre, el mismo teléfono y la misma dirección en tu web, en tu perfil de Google, en Instagram y en cualquier directorio.

5. Responderle en su idioma

Algunos agentes piden las páginas en Markdown, un formato de texto limpio, en lugar del HTML que ve una persona. Una web preparada se lo da, y también le da una página de error que explica dónde seguir en vez de dejarlo en un callejón sin salida. Para una persona la web no cambia en nada; para el agente, la lectura es mucho más limpia.

Lo que ninguna web puede prometer

Nadie controla qué recomienda un asistente de IA. Estos cambios hacen que te entienda bien, que no se invente tus precios y que tenga cómo contactarte, pero las reseñas, tu perfil de Google y el tiempo que llevas en internet siguen pesando. Si alguien te promete «ponerte el primero en ChatGPT», te está vendiendo algo que no puede garantizar.

Lo que puedes hacer esta semana

  1. Pregúntale a un asistente por tu negocio, por su nombre y por tu servicio más tu ciudad. Anota qué dice bien, qué dice mal y qué se inventa.
  2. Pasa tu web por Is Agentic. Es gratis y tarda un par de minutos.
  3. Revisa que tu nombre, teléfono y dirección sean idénticos en tu web, Google e Instagram.
  4. Escribe tus páginas de «Quiénes somos» y «Contacto» si no existen o si solo tienen dos líneas.
  5. Pídele a tus clientes una reseña en Google. Es lo que más pesa y ningún código lo sustituye.

Si quieres, pasamos tu web por estas mismas pruebas y te decimos qué le falta: escríbenos desde el botón de esta página. Y si ya sabes que tu web necesita trabajo, mira nuestro servicio de optimización web.

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