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Una web en inglés y español mal hecha sale peor en Google que una en un solo idioma

· 7 min de lectura

Le pusiste a tu web un botón con la bandera de Estados Unidos y ya es bilingüe. Meses después buscas tu negocio en Google y sale tu página con el menú en inglés y el texto en español. O buscas en inglés lo que vendes, y tu versión inglesa no aparece por ningún lado.

Una web en inglés y español mal montada sale peor en Google que una en un solo idioma bien hecha. Google no tiene nada contra el inglés. Lo que pasa es que las dos versiones se estorban: una se esconde, la otra se duplica y Google termina mostrando la que no era. Aquí está cómo ocurre, dónde poner el inglés, qué es hreflang, por qué el plugin de traducción no basta y qué traducir primero si no puedes traducirlo todo.

Cómo una web bilingüe se canibaliza

Canibalizarse es que dos páginas tuyas compitan entre ellas en Google y se quiten sitio una a la otra. En una web en dos idiomas pasa de cuatro maneras, y las cuatro salen de la documentación de Google:

  1. Una sola dirección para los dos idiomas. La página cambia de idioma según el navegador del visitante o una preferencia guardada, pero la dirección de arriba es siempre la misma. Google recomienda una dirección distinta para cada idioma y avisa que, si no, puede no encontrar todas las versiones. La que no encuentra no existe para quien busca.
  2. Mandar a cada visitante a un idioma según su país. Por defecto, el robot de Google revisa las webs conectándose desde Estados Unidos y sin decir qué idioma prefiere (Google). Si tu web manda a quien entra desde allí a la versión en inglés, Google puede no ver nunca la española, que es justo la que busca tu cliente local. Por eso Google pide no redirigir según el idioma que crees que tiene el visitante ni adaptar la página a su ubicación.
  3. Traducir el menú y dejar el contenido en español. Para Google, dos versiones de una página son duplicadas si el contenido principal está en el mismo idioma (Google). Cuando encuentra duplicadas, las agrupa, elige una como principal y revisa menos las demás. La elegida puede ser la del menú en inglés, y esa es la que verá tu cliente de aquí. Lo explicamos con más detalle en contenido duplicado.
  4. Los dos idiomas en la misma página. Google decide el idioma de una página por el texto que se ve. Para que lo acierte, recomienda un solo idioma por página, en el contenido y en el menú, y nada de traducciones una al lado de la otra.

Una web solo en español, bien hecha, no tiene ninguno de estos problemas: Google ve todas sus páginas, sabe en qué idioma están y no tiene que elegir entre copias. Por eso le gana a la bilingüe mal montada.

Dónde va el inglés: /en/ o un subdominio

Google compara así las formas de organizar las direcciones de cada idioma:

FormaEjemploLo que dice Google
Carpeta, después del nombretunegocio.com/en/Fácil de montar y de mantener: todo vive en el mismo sitio
Subdominio, delante del nombreen.tunegocio.comFácil de montar y se puede alojar aparte. El visitante no siempre sabe si «en» es idioma o país
Parámetro, al finaltunegocio.com/?lang=enNo recomendado

Google no deduce el idioma por la dirección: ni el /en/ ni el «en.» del subdominio le dicen nada. Lee el texto que se ve en la página (Google). La dirección te sirve a ti y a tu cliente, y lo que importa es que cada idioma tenga la suya, fija y fácil de entender.

Para un negocio con una sola web, la carpeta suele ser lo más sencillo: un solo sitio y un solo alojamiento. Da igual si el español va directo en tunegocio.com y el inglés en /en/, o si cada idioma tiene su carpeta (/es/ y /en/). Este blog lo hace con la primera fórmula: este artículo vive en /blog/ y su versión en inglés, en /en/blog/.

Qué es hreflang, en una frase

Hreflang es una línea en el código de cada página que le dice a Google: «esta página tiene una gemela en otro idioma, y está en esta dirección».

Google sabe leer en qué idioma está cada página, pero hreflang le dice cuáles son pareja. Con eso, según su documentación, puede mostrar a cada persona la versión de su idioma. Tres reglas, todas de Google:

  • Cada versión se nombra a sí misma y a las demás. La española apunta a la española y a la inglesa; la inglesa, igual.
  • Las dos se apuntan de ida y vuelta. Si la española apunta a la inglesa y la inglesa no le devuelve el enlace, Google ignora esas líneas.
  • Una tercera, x-default, dice qué versión mostrar a quien tiene el navegador en un idioma que no es ninguno de los dos.

En este blog, cada artículo traducido lleva esas tres líneas: una a la versión española, otra a la inglesa y la x-default, que manda a la española.

Por qué el plugin de traducción automática no basta para una página que vende

Un plugin es un complemento que se le instala a la web. Hay plugins de traducción que crean una dirección para cada idioma y ponen el hreflang solos. Con esos, la parte técnica queda resuelta. Otros traducen la página en el momento, sin crearle una dirección propia, y Google se queda sin versión inglesa que mostrar. La versión gratuita de GTranslate, por ejemplo, avisa en su propia web que sus páginas traducidas no tienen dirección propia y que por eso no se indexan, es decir, no entran en Google.

Aun con la parte técnica bien, una página que vende necesita más que palabras traducidas. La máquina traduce lo que dice tu página, pero no añade lo que le falta a un cliente de fuera:

  • El precio. «RD$4,500 + ITBIS», traducido, sigue sin decirle a un turista cuánto es en dólares ni qué es el ITBIS.
  • El pago. «Paga por transferencia» no le sirve a quien está en otro país y no tiene cuenta en un banco dominicano.
  • El contacto. Tu WhatsApp con el +1 delante y tu horario con la zona, porque te escribe desde otra.
  • Lo que aquí se da por sabido. Cómo se reserva, qué incluye y cuánto se adelanta hay que contarlo.

Traducir con una máquina no está prohibido. En sus políticas, lo que Google persigue es el contenido que no aporta nada al lector, se haya hecho como se haya hecho, y en junio de 2025 quitó de su documentación el consejo de bloquear las páginas traducidas de forma automática. Lo que la máquina no hace es comprobar que tu oferta se entiende desde fuera. Eso lo tiene que revisar una persona que hable inglés, antes de publicar.

Qué traducir primero si no puedes traducirlo todo

Empieza por lo que un cliente de fuera necesita para decidirse y escribirte, en este orden:

  1. La página de lo que más te compran los de fuera. La excursión, el tratamiento, el alquiler o el servicio que vendes a quien no vive aquí.
  2. El precio y la forma de pago desde el extranjero.
  3. Cómo se contrata contigo. Quien compra desde fuera no sabe cómo funcionan las cosas aquí, y elige a quien se lo explica. Cómo escribir esa página está en esta guía.
  4. El contacto. WhatsApp con el número completo y el horario con su zona.

Lo demás puede esperar: el blog, las noticias, la historia de la empresa. Mientras tanto, pon el hreflang solo entre páginas que existen en los dos idiomas. Y que el botón de idioma lleve a la gemela de la página donde estás: si esa página todavía no tiene versión en inglés, es mejor no ofrecerla que mandar al visitante a la portada inglesa como si la tuviera.

Cómo revisar tu web en dos minutos

Hazlo en la computadora, con la página que más te importa:

  1. Cambia de idioma. Si la dirección de arriba no cambia, esa página tiene una sola dirección para los dos idiomas, y Google solo puede guardar uno.
  2. Busca el hreflang. Pulsa Ctrl+U (en Mac, Cmd+Opción+U) para ver el código de la página, luego Ctrl+F y escribe «hreflang». Deberías ver una línea por idioma y la x-default. Repítelo en la versión inglesa: tiene que apuntar de vuelta a la española. Si no sale nada, pregúntale a quien hizo tu web: también se puede declarar en el mapa del sitio, el archivo que le lista a Google tus páginas.
  3. Lee la versión inglesa como un turista. ¿Sabes cuánto cuesta en dólares, cómo pagar desde fuera y cómo escribir? Si alguna respuesta es no, esa es la primera página que hay que arreglar.

Si tu web tiene versión en inglés y no sabes si Google ve las dos, escríbenos por WhatsApp con el enlace: te decimos qué falla, qué traducir primero y cuánto cuesta arreglarlo.

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